domingo, 12 de julio de 2020

La Monja Guerrera ... y malagueña.

Si tienen Netflix no duden en aprovechar la canícula para visionar la primera parte de la serie la Monja Guerrera. Un montón de capítulos de una trama inverosímil, pero con algunos alicientes más que llamativos. Sin duda es un trabajo para adolescentes pero con pretensiones, ya que aparte de las florituras tipo Tortuga Ninja,  es ante todo digno de mención la localización de los exteriores y la buena fotografía que se hace de ellos.





Pues eso, Iglesias y despachos religiosos colmanos de velas recién prendidas, como en un video de Madonna de los años 90,  junto a la luz eléctrica. Más cirios que en un culto de la Virgen del Valle, y no la de Abdalajis precisamente.

Y una buena idea de guión, pero que se queda en eso, en buena idea que podría desarrollarse mucho mejor con una asesoría rigurosa, que no le quitaría espectacularidad al producto final. La idea del halo de santidad con poderes es sumamente genial, engancha con el espectador, pero se queda en eso en anécdota de videojuego con muchos mamporros.

Un guión en el que la Iglesia no nos muestra su esencia de Misericordia y Perdón con mayúsculas,
en pleno siglo XXI no deja de ser más falso que una película de chinos o que una promesa electoral. Esperemos que para la segunda parte de la serie (que ya se anuncia) haya un poquito más de rigor, porque un Papa malo recién nombrado (por cierto en el coro de la Catedral de Málaga) es muy poco  creíble. Eso sí, puede crear curiosidad en la gente joven y quizá investiguen en la red que es eso de un cónclave, que no es una contraseña password (con perdón del palabro).

Donde hay que quitarse el sombrero es en la localización de los exteriores e interiores de iglesias o palacios. Se logra una atmósfera andaluza como casi nunca, sin los tópicos andaluces (piénsese que la productora es internacional) y sin que parezca una Andalucía de pandereta o al estilo mejicano, como hemos sufrido en alguna película de James Bond.

A saber he encontrado exteriores en Málaga capital, Marbella, Antequera, Ronda y Sevilla. Puede que haya alguno más, seguramente. Y ahí radica parte de la genialidad de esta serie, en adivinar dónde se ha grabado tal o cual escena y luego visitarlas, no podía ser de otra manera, como más de uno hemos hecho visitando en Londres los exteriores de la serie de Sherlock Holmes.

Luego está mi frikismo de mosaicos, hornacinas y placas por doquier. Aparte, hay que destacar algunas solerías o zócalos más que conocidos y la joya, el fotograma en el que aparece de fondo un grabado del trono de la Virgen del Socorro de Antequera. El momento es impagable ante tanto globalización cofrade.



De entrada paso a presentarles algunos lugares que seguro conocen y por lo que pasan o visitan de vez en cuando:

1.- Iglesia de la Encarnación de Marbella. Puerta Lateral. Mosaico de la Virgen del Rocío.





2.- Hay una escena trepidante, justo delante del antigua Casa del Niño Jesús de la calle Pozos Dulces de Málaga. En ella aparece la antigua hornacina de San José con el Niño, ahora vacía, y en el colmo de los ambientadores de la trama, se ve como dentro de la hornacina hay velitas encendidas.
Sin duda la dejadez actual es un alegato para que la ciudad de Málaga cuide estos rincones con encanto, que seguro más de un seguidor de la serie buscará y le causará una decepción en los próximos meses. Aquí tienen la comparativa.





Y la Colegiata y el Alcazaba de Antequera como principal protagonista, tanto en exteriores como interiores. Sin duda, un éxito de este centro de operaciones de las monjas guerreras. La capital del Torcal deberá saber explotar este reclamo de primer orden.




Y ya como culmen algunas escenas más que simpáticas, como el nuevo Papa vistiéndose en la sacristía de la Catedral de Málaga o el coro de la misma, joya de Pedro de Mena, como sui generis Capilla Sixtina donde se hace la votación.



Me cuentan mis amigos sevillanos de la Asociación Niculoso Pisano (les recomiendo que visiten su web) que las localizaciones hispalenses son la de la fábrica de Tabacos (con una batalla tremenda y espectacular) y el maravilloso palacio gótico del Alcázar, con los zócalos cerámicos de Augusta. Estos últimos se ven de refilón por lo que aquí hay que dar un tirón de orejas a los responsables de obviar tamaña maravilla.

Aquí de Málaga, además, los pasillos ajedrezados del Centro Cívico, antiguo Hogar Provincial de la Diputación de Málaga, donde de refilón se ven los mosaicos con las salas de Antequera y Jimera de Líbar, o el Museo de la Aduana.

Además, hay escenas en la antigua cárcel de Málaga, en el Museo de la Aduana o en el Portichuelo de Antequera, viéndose de lejos la Virgen del Socorro en su camarín, y lo más gracioso de todo es cómo se puede pasar de Antequera a Ronda por arte de magia, o como asomándote a una ventana de Málaga puedes ver Roma o viceversa. Los misterios del cine.