jueves, 1 de noviembre de 2018

La Abadía del Císter y las cajas de cerveza.

En pleno centro de Málaga, en una ciudad abarrotada de visitantes, nos encontramos con esta patética estampa. El pequeño patio de entrada a la Abadía del Císter, donde se veneran las imágenes de la cofradía del Sepulcro y se halla el nuevo centro de estudios teológicos, siempre hay un montón de cajas y sillas amontonadas de un bar cercano.

¿Es esto lícito?  Es de una cutredad suprema. Esperemos que la autoridad competente tome buena nota.




Pintada blasfema a la Soledad de Mena.

Era previsible que utilizando imagenes sagradas como base de carteles publicitarios en gran formato, al final éstas reciben múltiples agresiones. Ayer mismo le tocó a la Soledad de Mena, todo ello con el aderezo de la infame noche de jalouin, por cierto más pasada por agua que algunos Viernes Santos.

A ver si se pasa alguien pronto de la hermandad y elimina la blasfemia, que seguramente habrá sido captada por las cámaras de seguridad de calle Larios.

Por cierto, que hay otros garabatos, como una cruz invertida en otra Dolorosa.

Avísenme cuando borren la pintada para yo quitarla del blog. No hay que seguirle el juego al descerebrado del rotulador, que por lo menos conoce el Dogma de María Madre de Dios, mal que le pese. 




Reubicación de un mosaico de Pablo Romero.

Las obras de restauración y adaptación para el nuevo Centro Superior de Estudios Teológicos de Málaga, sito en la calle Abadía de Santa Ana, condicionó la retirada del mural cerámico que hacía alusión al antiguo Museo de Arte Sacro de la Abadía Cisterciense, obra de Pablo Romero.

La antigua ubicación era justo en la entrada, incluyendo el mismo una referencia escrita a la inauguración de aquel recordado y azaroso espacio museístico.




Ayer mismo nos informaba el Subdirector del Centro, Pedro Leiva, de la nueva ubicación del mural, en un patio interior, habiéndose retirado perfectamente de su anterior emplazamiento, y adaptándose el mismo en un bastidor metálico.

Así, se coloca en un lugar más reservado teniendo en cuenta que su referencia museística queda superada por las nuevas instalaciones.

Desde estas líneas, felicitar tanto a la empresa constructura y responsables de la restauración y recolocación en el nuevo emplazamiento, y asimismo al obispado por haber tenido la sensibilidad de mantener completa esta maravilla de la azulejería local.   Su pérdida total o parcial (como por desgracia suele ocurrir con la azulejería en muchas obras de reforma) hubiese sido desvirtuar la historia del antiguo cenobio.